El camino de Santiago o la confirmación del autoconcepto

Esta vez, me alejaré de los temas habituales en el blog para escribir sobre mi experiencia durante los 7 días que viví “El Camino de Santiago”

A pesar de que hace años que deseaba experimentar esta aventura y de las muchas personas, amigos y allegados, a quienes les propuse llevarlo acabo durante los últimos años, no fue hasta hace algunas semanas cuando pude cumplir con este deseo.

Mi “hermana” Molly King sospechaba que iba a perder su trabajo y me escribía para decirme que sería una buena oportunidad para vernos y me preguntaba si estaría disponible para realizar “El Camino de Santiago”, madre mía!!! Mi sueño hecho realidad.

Los días previos a la confirmación de sus billetes y cierre de fechas fueron tan salvajemente intensos que a penas los recuerdo, si puedo recordar el revoltijo de emociones que inundaban mi cabeza, miedo, incertidumbre, inseguridad, vacilación, perplejidad, excitación, alegría, júbilo, animación, entusiasmo, felicidad, regocijo, gozo… Hacía mucho tiempo que no me veía envuelta en semejante huracán emocional.

Salvados los compromisos profesionales, tocaba prepararse para afrontar este reto personal con positivismo, energía, fuerza, ánimo y rotundidad.

Molly posteaba en su facebook sus largos paseos en las llanuras nevadas de su Minneapolis natal a -20º F, mientras yo me preparaba con largas caminatas sobre la cinta del gimnasio enfrentándome a desniveles de hasta 11º de inclinación y recorriendo La Coruña desde mi casa, ascendiendo al Monte de San Pedro y recorriendo el paseo marítimo hasta volver a casa. Cada vez que veía sus progresos, a esas temperaturas, tenía la sensación de que acabaría siendo su “backpack” (mochila) y que Molly tendría que portearme hasta la meta final.

El encuentro en el aeropuerto, no pudo ser más emotivo, desde el 99 en Barcelona, nos habíamos vuelto a ver en dos ocasiones, la última en el 2010 para celebrar mi 40 cumpleaños, así que habían pasado algo más de 5 años desde nuestro último encuentro. Las lágrimas de felicidad brotaban a borbotones y era imposible contenerlas entre los abrazos y carcajadas.

Nuestro reto estaba a punto de comenzar.

Desde el minuto uno, desoímos los consejos de unos y otros que nos “arrojaban” a un ritmo enconsertado por horarios, y madrugones, tragando kms sin cesar, caminando del tirón, sin parar para comer, sólo descansando algunos minutos para reponer fuerzas y seguir casi por inercia hasta llegar al “albergue”. Nosotras, apostamos por vivir la experiencia a nuestra forma, disfrutando coscientemente de cada momento, a nuestro ritmo, sin horarios, sin prisa, pero sin pausa. Para nosotras, no se trataba de una carrera contra reloj, ni contra el resto de peregrinos “luchando” por un lugar para descansar y dormir, sino de una oportunidad para conocernos mejor, convivir y vivir esta experiencia paso a paso, piedra a piedra.

El 10 de Enero arrancamos nuestra primera etapa recorriendo La Coruña en lo que se conoce como el “El camino inglés” que va desde la Torre de Hércules, atravesando la “ciudad vieja”, la iglesia de Santiago, recorriendo los jardines de Méndez Núñez, el Obelisco y otros muchos puntos más, hasta la salida de la ciudad, visitando la Iglesia de Santa María de Oza, acomodándolo a nuestra ruta, lo iniciamos por el final. Comprobar que teníamos el mismo ritmo, resultó un gran alivio. Disfrutamos el paseo y el momento con largas conversaciones seguidas de largos silencios, con una sonrisa que se dibujó en nuestros labios con cada paso y que ya nunca nos abandonó.

La incertidumbre sobre el tiempo, se deshizo cuando el 11 de Enero, nuestra puesta en marcha sobre “El camino francés” desde Pedrafita do Cebreiro, se mostró nublada, una niebla baja tan intensa que no nos permitía ni adivinar lo que nos encontraríamos más allá de tres metros. La humedad era intensa y el frío, a pesar de la ropa térmica, se dejaba sentir en todo el cuerpo, especialmente en las manos y en la nariz.

Inicio del Camino Francés O Cebreiro

Caminamos los primeros Kms con paso firme y decidido, un pie detrás del otro, sin pensar en nada más que en lo que teníamos delante, levantando la vista para vislumbrar lo que se aproximaba sin poder y sin necesitar adivinar mucho más. No era necesario, me atrevo a decir que, casi al mismo tiempo, entendimos que, en el camino, como en la vida, poco importa el futuro sino eres capaz de solventar el presente, siendo plenamente consciente del aquí y ahora, atendiendo plenamente “al momento”.

La dicha, era tan grande, me sentía tan satisfecha y afortunada que no había nada más importante: “Estoy aquí y esto es lo que hay ahora”, aceptación pura y dura.

Todos los trabajos de crecimiento personal realizados hasta ahora, regresión, hipnosis, psicología, conciencia plena, mindfullnes, eneagrama… tomaron forma, sentido y significado.

La fuerza y energía que sentía fluír dentro de mi eran inmensas. Entendí aquello que Osho proclamaba en sus conferencias: “No busques a Dios fuera, Dios está dentro de cada uno de nosotros, dentro de ti, por tanto, búscalo dentro de ti y le hallarás siempre”.

Cada paisaje, era único, cada momento, excepcional, cada ser vivo, planta, animal llamaba mi atención, despertaba mi interés y era digno de contemplación.

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El camino nos deparó compañía variada, llegamos al alto de San Roque acompañadas de una alemana y una italiana.

Encontramos descanso y repusimos fuerzas en “Casa Xusto”, en O Biduedo, donde una adorable Celia nos explicaba con total sencillez que lo que había para comer era lo mismo que había preparado para ella y para su marido: “Lentejas y filete de ternera con patatas, o si lo preferís unos huevos fritos”. El hambre apretaba y nos supo a gloria. Disfrutamos de la sencillez de su compañía y con su charla, nos despedimos y seguimos avanzando a nuestro ritmo. La vida es tan sencilla como quieras y tan complicada como te propongas.

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Nos cruzamos con una coreana solitaria que bajaba las empinadas cuestas al revés, de espaldas, jamás había visto una técnica igual. Obvio, como no podia ser de otra forma, lo probamos y fue increíble; notamos que nuestros gemelos e isquios se estiraban sin que sufriese el cuadriceps, genial!!, remedio del caminante para relajar la musculatura sin dejar de avanzar!!

Llegamos a Triacastela, no sin antes cruzarnos con un grupo de cazadores perfectamente coordinados, sincronizados con radio que acechaban con sus perros a alguna presa que no alcanzamos a vislumbrar. Siento más que recelo de estos hombres cuyo entretenimiento consiste en dar caza a un animal. Algunos de sus perros, estaban hacinados en los transportines que unen a sus 4×4, me acerqué para acariciarlos y pude ver como ni tan siquiera disponían de espacio suficiente para poder moverse con libertad, unos descansaban sobre los otros… en el refugio con el que colaboro, acogemos a muchos de estos perros que, cuando no son válidos, los más “afortunados”, son abandonados por sus “dueños” en el monte, otros disparados, colgados o golpeados hasta morir o abandonados moribundos a su suerte.

Afrontamos la última bajada cruzándonos con un pastor que recogía sus vacas al final de la tarde, algunas se voltearon y se vinieron hacia nosotras, permanecí inmovil, cuando eché la vista atrás, Molly había saltado sobre el murete y se encontraba a cubierto en la otra parte del camino. No podiamos parar de reír.

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Llegamos a Triacastela y compartimos habitación con dos peregrinas más, otra “bomba” coreana de nombre impronundiable, Luchía y un poco más tarde con David.

Esa noche nos apodaron “las sonrientes” y si, reímos y disfrutamos de cada momento y sí, nos siguieron llamando las sonrientes durante todo el camino hasta nuestra llegada a Santiago.

Hubo jornadas difíciles, nos perdimos por las malas indicaciones, nos encontramos, caminamos a oscuras en medio de una noche estrellada; sentimos el cansancio en cada uno de nuestros músculos recorriendo piernas y espalda; nos mojamos, nos reímos, nos secamos, nos vestimos y desvestimos entre carcajadas al más puro estilo “Benny Hill” cuando la programación automática de la electricidad mandaba, subimos, bajamos, saltamos, hablamos, reímos, lloramos, nos mantuvimos en silencio, nos miramos, nos abrazamos y continuamos día tras día, cumpliendo nuestro objetivo hasta el final.

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El primer día, en la primera jornada, comprendimos y entendimos todo lo que necesitábamos saber.

En el camino como en la vida, tienes que creer y confiar en ti, sólo así eres capaz de superar cualquier piedra, reto, circunstancia, dificultad o golpe que te puedas encontrar. Puedo caminar sola, (y lo hago), por difícil y duro que sea, antes de hacerlo en mala compañía. El camino, como la vida, puede hacerse más fácil o más difícil en función de las decisiones que tomas, decidir con quién compartes la experiencia de la vida puede hacerla maravillosa o desastrosa. Aunque ya lo sabía, confirmé, además, que prefiero caminar acompañada de la persona apropiada, soy más fuerte, más enérgica, más poderosa, más positiva, más divertida y más jovial, tengo siempre presente a mi acompañante y soy capaz de ayudarlo y apoyarlo cuando flaquea en fuerzas, energía, confianza o positividad. El camino se hace más fácil cuando tienes un objetivo definido y claro; no importa que camines más deprisa, llegarás cuando tienes que llegar. La consciencia plena en cada momento, te permite estar atento a ti, a tu entorno y a los demás. Conociendo tus límites puedes entender las limitaciones de los demás. La aceptación es la clave de la superación. Escuchando a tu corazón y actuando desde el amor, será más fácil caminar respetando y amando a los demás.

Gracias Molly King por tu amistad, tu cariño, tu compañía, tu comprensión, tu empatía, tu generosidad y por decidir COMPARTIR tu tiempo conmigo. UNFORGETABLE!

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